Como os decía en uno de mis últimos post; Ahora me toca ser Mediterráneo. “Mar sin mareas me oprime el pecho, que se me expande cuando el viento levanta sus olas”.

Seré Mediterráneo pero siempre seré Atlántico. Océano de contrastes y mar de conquistas.

Mediterráneo; Mar interior que se escapa por el Bósforo y por Gibraltar. De elegir me voy hacia oriente a rendir pleitesía a los sultanes, sin querer ser esclava pero si concubina. Pero, ¿por qué elegir volver a otro Mar de fronteras pudiendo volver a mi amado Atlántico? Por su historia y sus sombras es Negro el Mar que transito, pero un Mar menos voraz que con su salinidad siempre me mantendrá a flote. Mi otro extremo se tiñe de azul. Azul nítido, claro y frío.

Tal vez la felicidad no esté en mi amado Atlántico, tal vez la calma que comparto en el lecho después de la tempestad se la tenga que agradecer a este Mar que creo me oprime, pero que en el fondo lo que hace es liberarme con su calor y sus historias.

Mares y océanos de constantes cambios que no les quita ni un ápice de su identidad y que en mi existencia me llevan a contemplar que siendo Mar seré eterna en el pulso al sol que obliga al tiempo a labrar su destino.

Cada vez soy más Mediterráneo pero nunca dejaré de ser Atlántico.

 

Hola tripulantes! Vuestra Mar retoma singladura. Hay buen viento y ganas, muchas ganas de aventuras. ¿Zarpamos?

644 953 026

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