Cuando suena el timbre el mundo se acelera, la espera, que transcurría lenta, se precipita. Me sentirás correteando por el apartamento.

Las uñas rojas, sé que te gustan de un rojo intenso. Un vestido de coctel femenino y elegante, el color hoy será sorpresa, no siempre tiene que ser negro. La ropa interior a juego, en la gama de tonalidades que mejor le van a mi piel y al vestido. Los tacones finos de unos zapatos vertiginosos coronarán el final de mis largas piernas. Los labios brillantes y siempre suaves, como mi piel que estará preparada para tus caricias. El pelo suelto, tan sedoso como siempre, de este color tan natural que por serlo no deja que lo definas ni como castaño ni como rubio. Esta vez me he puesto medias, con ese liguero que intentarás desabrochar sin ayuda pero que se te resistirá entre risas. Últimos toques de perfume en mi cuello y mis muñecas, de una fragancia fresca y sutil que no deje rastro más allá de nuestro encuentro.

Detalles todos ellos en los que no recalarás pues al abrir la puerta mi sonrisa atraerá tu mirada sin que puedas reparar en nada más durante el primer segundo.

Segundo timbrazo. Ya estás aquí.

4 respuestas a El primer segundo

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