Archivo mensual: noviembre 2014

Siempre se me han dado mal las despedidas pero no podía irme sin deciros adiós.

He pensado en escribiros un extenso post sobre lo vivido, lo experimentado, sobre todo lo aprendido. Os hablaría de lo a gusto que me he sentido entre vosotros: lectores, clientes, admiradores,compañeras, amigos…De todo lo que he aprendido del mundo y de los que lo poblamos gracias a vosotros…Y de tantas y tantas buenas cosas… Todo ello lo resumiré en una sola palabra: GRACIAS

Sutil, sensual, sexual.

Sobre la sutileza ya os adelante unas pinceladas en mi post anterior.

Sin sutileza la sensualidad perdería parte de su esencia. Sensual es mi forma de caminar, la cadencia de mi voz, la curva que forman mis caderas y tu mano recorriéndolas desde la cintura hasta mis muslos, ese contorno que es el sueño y perdición del que me desea. Sensuales son mis finas manos, tobillos y muñecas que te cautivarán sin necesidad de aderezo. Sutil es cómo las muevo, como empiezo a acariciarte, recorriendo suavemente tu piel. Sensual es el aliento de mis susurros que  sutilmente te dedico mientras mis labios rozan tu cuello.

Las caricias se transforman y el deseo sexual inunda nuestros cuerpos. Ahora esos labios se abren en besos apasionados y mi lengua sexual mente voraz te recorre. La saliva, el sudor y el roce de nuestra piel dan paso sin abandonarnos a una sinfonía de texturas y de olores. Todo orquestado bajo la varita del placer que hará de las notas de la sutileza, la sensualidad y el sexo una única e irrepetible pieza digna del mejor compositor.

Sin las tres eses no sería posible. Se puede tener alguna o todas ellas. El buen hacer de la escort que creo ser radica en tener las tres y saber usarlas, en el momento adecuado, en su justa medida, dejándose llevar y disfrutando.

Cuando suena el timbre el mundo se acelera, la espera, que transcurría lenta, se precipita. Me sentirás correteando por el apartamento.

Las uñas rojas, sé que te gustan de un rojo intenso. Un vestido de coctel femenino y elegante, el color hoy será sorpresa, no siempre tiene que ser negro. La ropa interior a juego, en la gama de tonalidades que mejor le van a mi piel y al vestido. Los tacones finos de unos zapatos vertiginosos coronarán el final de mis largas piernas. Los labios brillantes y siempre suaves, como mi piel que estará preparada para tus caricias. El pelo suelto, tan sedoso como siempre, de este color tan natural que por serlo no deja que lo definas ni como castaño ni como rubio. Esta vez me he puesto medias, con ese liguero que intentarás desabrochar sin ayuda pero que se te resistirá entre risas. Últimos toques de perfume en mi cuello y mis muñecas, de una fragancia fresca y sutil que no deje rastro más allá de nuestro encuentro.

Detalles todos ellos en los que no recalarás pues al abrir la puerta mi sonrisa atraerá tu mirada sin que puedas reparar en nada más durante el primer segundo.

Segundo timbrazo. Ya estás aquí.

Como os decía en uno de mis últimos post; Ahora me toca ser Mediterráneo. “Mar sin mareas me oprime el pecho, que se me expande cuando el viento levanta sus olas”.

Seré Mediterráneo pero siempre seré Atlántico. Océano de contrastes y mar de conquistas.

Mediterráneo; Mar interior que se escapa por el Bósforo y por Gibraltar. De elegir me voy hacia oriente a rendir pleitesía a los sultanes, sin querer ser esclava pero si concubina. Pero, ¿por qué elegir volver a otro Mar de fronteras pudiendo volver a mi amado Atlántico? Por su historia y sus sombras es Negro el Mar que transito, pero un Mar menos voraz que con su salinidad siempre me mantendrá a flote. Mi otro extremo se tiñe de azul. Azul nítido, claro y frío.

Tal vez la felicidad no esté en mi amado Atlántico, tal vez la calma que comparto en el lecho después de la tempestad se la tenga que agradecer a este Mar que creo me oprime, pero que en el fondo lo que hace es liberarme con su calor y sus historias.

Mares y océanos de constantes cambios que no les quita ni un ápice de su identidad y que en mi existencia me llevan a contemplar que siendo Mar seré eterna en el pulso al sol que obliga al tiempo a labrar su destino.

Cada vez soy más Mediterráneo pero nunca dejaré de ser Atlántico.

 

Hola tripulantes! Vuestra Mar retoma singladura. Hay buen viento y ganas, muchas ganas de aventuras. ¿Zarpamos?

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