Archivo mensual: marzo 2014

Adoro el Mar. Su grandeza, su belleza. Adoro cuando en calma su brisa juega con mi pelo y lo impregna con su olor. Adoro el Mar cuando está bravo y golpea mi piel desde la orilla con fuerza, inundando mi piel con su sabor.
Adentrándome en el  Mar, dejo que me penetre, que se cuele hasta mis entrañas, que cada uno de mis poros rezume a él.  La Mar me guía trazando un rumbo sin derrotas ni derivas.
Mar a dentro rezo a Neptuno y me encomiendo a él, para que me cuide y me proteja en mis juegos con la Mar, sabiendo que las normas siempre serán las suyas.
El Mar envuelve mi vida y la llena de caricias, de verdad y de paz. Después del temporal, cuando llega la calma y nuestros cuerpos reposan, me hace sentir llena, grande, saciada y feliz.
La Mar siempre está presente en mi realidad, en mis pensamientos y en mis sueños.

…el Mar, la Mar…

Siempre digo que tengo memoria de pez. Últimamente estoy comprobando que esa memoria de pez más bien es una memoria selectiva. Pero creo que esa selección no responde a algo únicamente consciente. Sí es cierto que me vale para olvidarme rápidamente de las cosas menos agradables y recrearme en las agradables.
 Divagaciones aparte, hay una realidad de la que cada vez estoy más segura: mi memoria olfativa aventaja a todas las demás. Los olores me evocan lugares, me trasladan a escenas y me recuerdan a sus protagonistas. ¿Nunca te ha pasado que yendo por la calle te cruzas con un olor y al mirar a la persona que lo emana no es la que esperabas?
 “Me ha olido a ti”. Sí, recuerdo el olor de cada cuerpo. Ninguna persona huele igual que otra. Y cuando más íntimo es el contacto mejor recuerdo su olor. Detrás de perfumes y esencias está el olor de cada piel y su tacto.
El tacto, otro sentido que me cautiva. Me encanta tocar, abrazar, acariciar. Me pierdo en recorrer cada cuerpo con el que comparto lecho. Cerrar los ojos y dibujar tu cuerpo con mis manos. El tiempo se detiene cuando me dejas acariciarte.
No sé a qué secuencia obedecen los sentidos en mostrarse sobre ti. El primero será la vista pero, tal vez por ser el primero, es al que menos atención presto. Si  presto atención a tus miradas, a tu forma de decírmelo todo sin decirme nada. A navegar dentro de tus ojos y encontrar la mejor ruta, el mejor camino hacia tus deseos.
Cerrando los ojos veo mucho más de ti que con ellos abiertos. Mis manos te describen mientras mi boca te saborea. ¡Hay tanto que saborear de un cuerpo! Te empiezo besando, dibujándote con mi lengua y si me dejas te devoraré. Saciaré mi sed, lentamente para mi deleite. Te lameré, chuparé, succionaré.
Cuando estoy contigo tus silencios valen más que mis palabras. Me gusta oírte respirar, como tu respiración se acelera, se entrecorta y se pliega. Y el sonido de tu corazón cuando pongo mi cabeza sobre tu pecho después de haberte saciado.

Vista, oído, olfato, tacto y gusto. Si te doy a elegir ¿con cuál sentido te quedas?

Tras la vorágine de la semana pasada deseaba que llegara hoy lunes.
Volver a compartir juegos entre las sábanas con mis fieles clientes y con los nuevos que se me acerquen me llena de alegría. Sigo sintiendo esa ilusión, mezcla de ansiedad, curiosidad y morbo, en cada encuentro. Sea el primero o el décimo que tengo con un cliente. Porque cada encuentro es único e irrepetible y lo deseo. Lo deseo y ese deseo me hace vivirlo como si tal vez fuera la última oportunidad de compartir placer.  Y me llena de felicidad porque sé que cada vez consigo mi objetivo, que es tan sencillo y complicado como que tus deseos se cumplan. Recorrer caminos, a veces marcados y otras nuevos y por descubrir, para encontrar el deleite de tus deseos y el placer sublime, me hace feliz. Compartir placer y darlo es lo más gratificante que hay en esta vida. 
Bendito lunes, quién me iba a decir que los lunes serían tan maravillosos.
Hoy puedo afirmar que tengo el mejor trabajo de mundo. ¿O existe algún trabajo mejor que dar placer y compartir felicidad?